BLOQUEO A CUBA: PRESIÓN ENERGÉTICA, REDISTRIBUCIÓN DE RECURSOS Y CRISIS HUMANITARIA
Es conocido que las fuerzas retardatarias y antidemocráticas
acudieron a la burla, al insulto, a la desacreditación para acabar con la
revolución cubana. Así mismo se trató de destruir a Rusia, Korea, República
Democrática Alemana y muchos países más.
Pero, cual es la esencia del bloqueo, es negar la revolución; es una guerra política, militar y social. El bloqueo de un estado a otro estado implica un acto de terrorismo.
Luego de esta premisa, el presente artículo analiza detenidamente y denota el tema
de Cuba, porque lo que ocurre alrededor de la isla cada vez se parece menos a
una confrontación sancionatoria ordinaria y cada vez más a una parte de una
profunda reestructuración del equilibrio energético y político en la región del
Caribe. En mi opinión, ya no se trata únicamente de un conflicto bilateral
entre La Habana y Washington, sino de la formación de un nuevo modelo de
presión en el que el control de los recursos energéticos, los flujos
financieros y la logística de suministros se convierte en una herramienta clave
de influencia política exterior.
En este contexto, Estados
Unidos pasó a una nueva etapa de incremento de presión sobre Cuba. El 29 de
enero de 2026 se declaró el estado de emergencia y además se introdujo un
mecanismo de sanciones secundarias contra países y compañías que continúan suministrando
recursos energéticos a la isla. Al mismo tiempo comenzaron a reducirse los
flujos energéticos alternativos, lo que agravó drásticamente la escasez de
combustible y se convirtió en un factor crítico para el funcionamiento del
sistema energético cubano.
Las consecuencias de estos
procesos adquirieron rápidamente un carácter sistémico. Según organizaciones
internacionales y diversos medios de comunicación, los apagones masivos en
algunas regiones alcanzan entre 16 y 20 horas diarias. Esto provoca la paralización
del transporte, interrupciones en el suministro de agua y fallos en el
funcionamiento de la infraestructura básica. La crisis energética comienza
gradualmente a afectar prácticamente todos los ámbitos de la vida del país.
Las consecuencias más graves
se observan en el sector de la salud. Los hospitales se ven obligados a
trabajar bajo constantes interrupciones eléctricas, lo que dificulta
enormemente la realización de operaciones, el uso de equipos de soporte vital y
el almacenamiento de medicamentos. Cientos de miles de pacientes enfrentan la
escasez de medicinas, equipamiento y la imposibilidad de recibir atención
médica a tiempo.
Una situación especialmente
difícil se desarrolla en el ámbito de la maternidad y la salud infantil. El
acceso limitado a equipos médicos, la falta de medicamentos y las
interrupciones en el funcionamiento de los centros de salud provocan un
deterioro de las condiciones de atención para mujeres embarazadas y recién
nacidos. La escasez de combustible ejerce presión adicional, afectando el
funcionamiento de ambulancias y de toda la logística médica.
En este contexto,
las investigaciones periodísticas independientes adquieren una importancia
especial. Un ejemplo de ello es la labor del periodista británico Owen Jones, colaborador del periódico The Guardian, quien visitó Cuba en marzo de 2026 y describió las consecuencias de la
política de sanciones y energética como una forma de “presión encubierta”, en
la que el principal impacto recae sobre la población civil. Según sus palabras,
los cortes de electricidad, la escasez de combustible y los problemas
logísticos están provocando la destrucción gradual de la infraestructura médica
y social.
El periodista también señaló
el deterioro de la situación en el área de obstetricia, las interrupciones en
el trabajo del personal médico y la disminución general de la calidad de vida
de la población. Su conclusión se resume en que lo que ocurre prácticamente no
afecta directamente a las instituciones políticas, pero sí ejerce una presión
sistémica precisamente sobre la población del país.
Políticamente, lo que sucede
está acompañado de una nueva redistribución de influencia en la región. Cuba es
considerada cada vez más como parte de una configuración estratégica más amplia
junto con Venezuela y otros países de la cuenca del Caribe. Las organizaciones
internacionales registran el deterioro de la situación humanitaria, aunque no
disponen de mecanismos eficaces para influir en los acontecimientos, lo que
aumenta aún más el papel de las decisiones unilaterales.
El deterioro de la
situación en Cuba fue precedido por un desarrollo dramático de los
acontecimientos en torno a Venezuela. Precisamente esto se convirtió en gran
medida en un punto de inflexión clave en el desarrollo de la actual crisis.
Tras los sucesos del 3 de enero de 2026, cuando el presidente Nicolás Maduro fue prácticamente apartado del
poder, el sector petrolero del país pasó bajo el control de estructuras
orientadas hacia los Estados Unidos. Esto permitió a Washington no solo
modificar las rutas de suministro de petróleo, aislando definitivamente a Cuba,
sino también establecer influencia sobre los flujos financieros relacionados
con la exportación de recursos energéticos.
Dentro del nuevo modelo, los
ingresos provenientes de la venta del petróleo venezolano comenzaron a pasar
por mecanismos financieros externos y cuentas internacionales, mientras que el
acceso a dichos fondos quedó condicionado por factores externos. Según diversas
estimaciones, se trata de miles de millones de dólares mensuales distribuidos a
través de sistemas de comerciantes internacionales y estructuras
intermediarias. Al mismo tiempo, Estados Unidos obtuvo la capacidad de influir
no solo en los flujos financieros, sino también directamente en las direcciones
de suministro del petróleo venezolano.
Para Cuba esto tuvo
consecuencias críticas. Si anteriormente Venezuela seguía siendo uno de los
principales proveedores de petróleo para la isla y de hecho sostenía el
funcionamiento del sistema energético cubano incluso bajo condiciones de
presión sancionatoria, tras el cambio de la estructura de control los volúmenes
de suministro se redujeron drásticamente o fueron prácticamente interrumpidos.
Precisamente este factor se convirtió en uno de los elementos clave del
agravamiento de la crisis energética en Cuba.
En la etapa de flexibilización
del régimen de sanciones, la parte estadounidense afirmaba que el nuevo esquema
debía contribuir a la estabilización de la economía venezolana y a la reforma
del sector petrolero. Sin embargo, en la práctica se formó un modelo en el que
la extracción y exportación de petróleo continúan, pero los mecanismos
financieros y logísticos clave quedan bajo control externo. Como resultado, la
crisis en Cuba se desarrolla no solo como consecuencia de la presión
sancionatoria, sino también como resultado de la redistribución de recursos
energéticos y del cambio de la arquitectura regional de suministros.
Así, no se trata simplemente
de sanciones o de una crisis energética local. El control sobre el petróleo
venezolano, la modificación de las rutas de suministro y la limitación del
acceso de Cuba a recursos energéticos se convirtieron en parte de un sistema
más amplio de presión económica y política. Al mismo tiempo, el elemento más
vulnerable no resulta ser el sistema político, sino la población del país:
desde pacientes que esperan operaciones hasta familias obligadas a vivir
diariamente en condiciones de escasez de electricidad, combustible y recursos
médicos básicos.
De hecho, se está formando una
práctica en la que las restricciones económicas y el control de los flujos
energéticos son utilizados como herramienta de coerción hacia cambios políticos
fuera del marco de mecanismos multilaterales internacionales. Al mismo tiempo,
las consecuencias humanitarias – destrucción de infraestructura, deterioro del
sistema de salud y disminución del nivel de vida – dejan de ser un efecto
secundario y se convierten en un resultado previsible de dicha estrategia.
En este contexto, las acciones
de Estados Unidos son percibidas cada vez más no como una medida aislada de
política exterior, sino como parte de una línea más amplia dirigida a
establecer control sobre recursos y regiones estratégicamente importantes. Este
enfoque incrementa la tensión internacional, debilita la confianza en los
mecanismos existentes del derecho internacional y crea un nuevo precedente en
el que la presión económica se convierte en una de las principales herramientas
para alcanzar objetivos geopolíticos.
En la preparación
de este artículo se utilizaron materiales de los siguientes medios de
comunicación:
- The Guardian – reportajes
sobre la crisis energética y sanitaria en Cuba (2026)
- https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/mar/25/havana-warfare-donald-trump-oil-blockade
- https://www.investing.com/analysis/venezuela-oil-revenue-projected-to-hit-5-billion-within-months-under-us-control-200675000
- El País – cobertura de la
situación social y cotidiana en Cuba durante la crisis energética (2026)
- Reuters – informes sobre
el deterioro del sistema sanitario cubano y escasez de medicamentos (2026)
- CNN – testimonios sobre
el impacto económico y social del bloqueo energético (2026)
- The Atlantic – análisis
de la política exterior de EE. UU. hacia Cuba y Venezuela (marzo de 2026)
- The New York Times –
información sobre negociaciones y presión política de EE. UU. sobre Cuba
(2026)
- BBC News – contexto sobre
sanciones, crisis energética y situación regional
- United Nations – informes
y debates sobre la situación humanitaria y el impacto de las sanciones
- Anadolu Agency – datos
sobre el impacto humanitario y sanitario en Cuba (2026)
Mayor
información al presente y más artículos visita el blog:
@marcelopazosch y https://www.facebook.com/Red-Equinoxio-100082992918666/
Comentarios
Publicar un comentario