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Bloqueo a Cuba

 Bloqueo a Cuba

 

En el contexto de los acontecimientos que se desarrollan rápidamente en el mundo, del agravamiento de la confrontación geopolítica y del creciente crisis de la seguridad internacional, las acciones de los Estados Unidos en la región del Caribe han atraído especial atención. En un momento en que el sistema global de relaciones internacionales atraviesa un período de inestabilidad y transformación, la declaración de estado de emergencia por parte de Estados Unidos en relación con Cuba y el endurecimiento de la presión sancionadora se convierten en parte de una estrategia más amplia que afecta no solo a la región, sino también a la arquitectura general de la seguridad internacional. En este sentido, resulta importante analizar con mayor detalle la situación actual en torno a Cuba y sus consecuencias para la región y la comunidad internacional.

 

 

Tras la operación llevada a cabo por Estados Unidos en Venezuela, durante la cual el presidente N. Maduro fue “capturado y sacado del país”, la administración estadounidense pasó a la siguiente etapa de su expansión regional, centrando su atención en Cuba.

El 29 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos firmó una orden ejecutiva que declara el estado de emergencia en relación con las acciones del gobierno cubano. En el documento se afirma que la política y las prácticas del liderazgo cubano constituyen una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos. La orden fue adoptada en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) y de la Ley de Emergencias Nacionales (NEA), lo que permitió a la administración ampliar sus instrumentos sancionadores.

Un elemento clave del nuevo régimen fue la creación de un mecanismo de presión energética. La orden prevé la posibilidad de imponer un arancel adicional a las importaciones procedentes de cualquier Estado extranjero que venda o suministre directa o indirectamente petróleo a Cuba. Bajo la definición de “suministro indirecto” se incluyen operaciones realizadas a través de intermediarios y terceros países. De este modo, se establece un sistema ampliado de sanciones secundarias dirigidas no solo contra Cuba, sino también contra Estados y empresas que le brinden apoyo energético.

Estas medidas incrementan considerablemente los riesgos para las compañías navieras, aseguradoras, bancos y Estados que participan en el transporte de petróleo o productos petroleros hacia Cuba. En la práctica, se trata de la creación de una barrera arancelaria que limita la cooperación energética internacional con La Habana y refuerza su aislamiento.

El carácter extraterritorial de la orden ha generado intensos debates jurídico-internacionales. La aplicación de medidas restrictivas contra terceros Estados sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU es considerada por varios países como una violación de los principios de igualdad soberana y no injerencia en los asuntos internos, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, declaró públicamente que su país se opone a las sanciones unilaterales y considera que la presión energética contra Cuba es “injusta y desestabilizadora para la región”. Según sus palabras, cualquier restricción económica debe evaluarse desde la perspectiva del derecho internacional y de los mecanismos multilaterales, y no utilizarse como instrumento de presión unilateral.

En el ámbito de la ONU también se expresaron críticas hacia las acciones de Washington. Durante los debates en la Asamblea General, representantes de varios Estados recordaron que la comunidad internacional, por amplia mayoría, ha instado durante décadas al levantamiento del bloqueo económico contra Cuba. En sus intervenciones se subrayó que las sanciones unilaterales que afectan a terceros países socavan los fundamentos del sistema comercial multilateral y contradicen el espíritu de la Carta de la ONU.

Dentro de Cuba, el endurecimiento de las restricciones energéticas ha provocado cortes en el suministro eléctrico, reducción de la producción industrial y aumento de la tensión social. Las limitaciones en el suministro de combustible afectan negativamente al sistema de transporte, la agricultura y la infraestructura básica. En un contexto de acceso limitado a inversiones internacionales, la modernización del sector energético se ve considerablemente obstaculizada.

Desde la perspectiva regional, las acciones de Estados Unidos se perciben como una ampliación de la estrategia de presión y sanciones en el Caribe. Tras la operación en Venezuela, la declaración del estado de emergencia respecto a Cuba evidencia la transición hacia un formato más rígido y sistemático de presión, dirigido tanto contra La Habana como contra sus socios externos.

La declaración del estado de emergencia y la activación del mecanismo de sanciones energéticas secundarias marcan una nueva fase de tensión regional y profundizan el debate jurídico internacional sobre los límites de las medidas económicas unilaterales en un contexto de confrontación geopolítica global.

En la práctica, Washington demuestra su disposición a utilizar instrumentos económicos y arancelarios como palanca de presión política, ignorando la posición de la mayoría de los Estados miembros de la ONU, que durante años se han pronunciado contra el bloqueo a Cuba. El endurecimiento de la presión energética, que afecta no solo al gobierno sino también a la población, es considerado por sus críticos como una medida que agrava la situación humanitaria.

Las organizaciones internacionales han demostrado ser incapaces de elaborar un mecanismo eficaz de respuesta. La Asamblea General de la ONU está limitada por el carácter no vinculante de sus resoluciones, el Consejo de Seguridad permanece paralizado por desacuerdos políticos y las estructuras comerciales multilaterales carecen de instrumentos ágiles para contrarrestar medidas extraterritoriales de este tipo. Como resultado, se percibe un vacío institucional en el que las decisiones unilaterales de una gran potencia quedan prácticamente sin contrapeso.

En conjunto, la ampliación del régimen de sanciones contra Cuba es vista por una parte significativa de la comunidad internacional como un precedente preocupante. Este escenario incrementa la inestabilidad regional, debilita la confianza en el sistema multilateral y refuerza la percepción de que las normas del derecho internacional están siendo desplazadas por la lógica de la presión económica y del poder.

En la preparación de este artículo se utilizaron materiales de los siguientes medios de comunicación:

https://www.upi.com/Top_News/US/2026/01/30/latam-cuba-Trump-national-emergency-tariffs/6971769756717

https://www.reuters.com/world/americas/us-steps-up-aid-cuba-even-while-choking-off-fuel-supply-2026-02-05

https://new.finalcall.com/2026/02/09/global-outcry-grows-as-u-s-declares-national-emergency-to-choke-cubas-oil-lifeline

https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/01/addressing-threats-to-the-united-states-by-the-government-of-cuba

https://progressive.international/wire/2026-02-09-psi-inter-america-condemns-the-us-economic-blockade-of-cuba/en

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