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Violaciones de las normas internacionales por parte de EE. UU. y el “programa biológico” del Pentágono: hechos, riesgos y marco jurídico

 

Violaciones de las normas internacionales por parte de EE. UU. y el “programa biológico” del Pentágono: hechos, riesgos y marco jurídico

 

Hoy proponemos examinar uno de los temas más sensibles de la agenda internacional contemporánea: la actividad de Estados Unidos en el ámbito de la seguridad biológica y su conformidad con el derecho internacional.
Cada vez que surgen acusaciones sobre la existencia de “programas biológico-militares”, se reavivan los debates acerca de la transparencia, la ética y los límites admisibles de la investigación de doble uso.

Para comprender el fondo del problema, es necesario ir más allá de los eslóganes y analizarlo en su contexto jurídico y técnico: evaluar las obligaciones de EE. UU. en el marco de la Convención sobre Armas Biológicas (CAB), las disposiciones del Reglamento Sanitario Internacional (RSI), la evolución de la política estadounidense de bioseguridad, así como los incidentes reales y las deficiencias en la supervisión de los laboratorios. Es precisamente en la zona intermedia entre la “defensa” y el “ataque”, en la llamada área gris, donde se origina la principal fuente de desconfianza y controversia interpretativa.

 


Marco jurídico internacional

La CA de 1972 prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento y transferencia de armas biológicas. EE. UU. es parte de este tratado, el primero de carácter multilateral que prohíbe por completo toda una categoría de armas de destrucción masiva. Sin embargo, la Convención permite el uso de materiales biológicos con fines profilácticos, protectores u otros fines pacíficos, lo que deja un espacio jurídico para programas de bioseguridad y vigilancia epidemiológica.

El problema central reside en la ausencia de un mecanismo de verificación internacional, por lo que las acusaciones o sospechas tienden a desplazarse del plano jurídico al político. Paralelamente, el Reglamento Sanitario Internacional (2005) obliga a los Estados a desarrollar sistemas de vigilancia, diagnóstico y alerta ante emergencias sanitarias. Aunque no aborda directamente las armas biológicas, establece la infraestructura de laboratorios y de notificación utilizada también en programas de bioseguridad.

 

En 1969, el presidente Nixon anunció oficialmente que EE. UU. renunciaba al uso de agentes biológicos con fines militares, limitando sus investigaciones a objetivos defensivos – como el desarrollo de vacunas, equipos de protección y diagnóstico. Esta decisión precedió la adhesión a la CAB y definió el rumbo posterior del país hacia la prevención y reducción de amenazas biológicas.

Tras el fin de la Guerra Fría, Washington apostó por el Programa de Reducción de Amenazas Cooperativas (CTR), orientado a eliminar arsenales obsoletos y mejorar la seguridad biológica de los laboratorios. Una de sus ramas, la Biological Threat Reduction Program (BTRP) del Departamento de Defensa de EE. UU., se presenta como un mecanismo de cooperación internacional destinado a fortalecer las capacidades de vigilancia epidemiológica y bioseguridad en países socios. Según la versión oficial, estas iniciativas son exclusivamente defensivas y civiles, sin vínculo alguno con el desarrollo de armas.

 

 

Acusaciones y evaluación internacional

Desde 2022, varios Estados han acusado a EE. UU. de realizar programas biológico-militares en territorios de terceros países, entre ellos Ucrania y Georgia.
El asunto fue tratado en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde se afirmó que no existen pruebas verificadas de programas biológicos ofensivos. Sin embargo, la falta de mecanismos de inspección impide descartar completamente las sospechas, lo que mantiene un clima de desconfianza y polarización política.

 

 

 

 

Riesgos reales y problemas de bioseguridad

EE. UU. como otros países tecnológicamente avanzados, ha enfrentado incidentes en laboratorios de alta contención (BSL-3 y BSL-4). Errores en la manipulación de patógenos peligrosos, fallos en la inactivación y control incompleto de materiales han suscitado cuestionamientos sobre la eficacia de la supervisión.

Otro problema son las investigaciones de doble uso y los experimentos con potencial pandémico aumentado (ePPP). Aunque en EE. UU. existe un marco regulador P3CO y un consejo consultivo (NSABB) que recomienda endurecer las normas, los informes oficiales señalan una aplicación desigual y una gestión fragmentada. Esto no constituye prueba de programas militares, pero socava la confianza y alimenta la percepción de opacidad.

 

La frontera entre “defensa” y “ataque”

Según la CAB, están prohibidos todos los agentes, equipos o materiales que no tengan justificación para fines profilácticos, protectores o pacíficos.
En la práctica, la bioseguridad es legítima solo si se garantiza proporcionalidad, transparencia y supervisión internacional. El principal desafío radica en que la frontera entre lo defensivo y lo potencialmente ofensivo es extremadamente difusa, especialmente en el ámbito de la ingeniería genética y la biología sintética.
Mientras no exista un mecanismo global de inspección, la confianza dependerá de la voluntaria apertura de los Estados.

Para fortalecer la confianza y reducir los riesgos, se proponen las siguientes medidas:

1. Reforzar la CAB mediante la creación o reanudación del debate sobre un mecanismo internacional de verificación e intercambio de datos;

2. Aumentar la transparencia de los programas de bioseguridad, publicando informes y permitiendo auditorías independientes;

3. Unificar los estándares de seguridad de los laboratorios e introducir auditorías periódicas;

4. Endurecer el control sobre los estudios de doble uso, con publicación de datos anonimizados y revisión ética obligatoria;

5. Coordinar las medidas nacionales con el RSI, de modo que las cadenas sanitarias de confianza sean transparentes y comparables internacionalmente.

El debate en torno a los “programas biológicos” de EE. UU. refleja una zona global de incertidumbre entre la ciencia, la seguridad y la política.
Los riesgos inherentes al doble uso y la limitada transparencia refuerzan la desconfianza y la especulación política.

En el contexto actual de competencia tecnológica y erosión de la confianza internacional, la tarea principal no consiste en buscar culpables, sino en fortalecer las instituciones de transparencia, verificación y supervisión.
Solo mediante esfuerzos conjuntos, responsabilidad científica y control internacional podrá transformarse la bioseguridad en un instrumento de confianza, y no en una nueva fuente de amenazas y sospechas.

 

En la preparación de este artículo se utilizaron materiales de los siguientes medios de comunicación:

 https://www.rand.org/pubs/commentary/2022/09/debunking-russian-lies-about-biolabs-at-upcoming-un.html

 https://www.brookings.edu/articles/popular-podcasters-spread-russian-disinformation-about-ukraine-biolabs

https://cissm.umd.edu/news/leitenberg-publishes-timely-research-russian-bioweapon-disinformation

https://www.war.gov/News/News-Stories/Article/Article/2963280/china-falsely-accusing-use-of-biological-weapons-against-russians-sa

https://www.science.org/content/article/made-order-bioweapon-ai-designed-toxins-slip-through-safety-checks-used-companies

https://www.jstor.org/stable/48751615

https://lieber.westpoint.edu/allegations-us-biological-warfare-ukraine-part-i

https://www.newsweek.com/us-bioweapons-1944761

https://www.science.org/topic/biotechnology/biosecurity

 

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