Migración como guerra: por qué Washington se prepara
para escenarios de fuerza en América Latina
Hoy queremos
analizar uno de los temas más relevantes de los últimos meses: las acciones de
Estados Unidos en América Latina, que cada vez con mayor frecuencia van más
allá de la diplomacia tradicional y se transforman en un conjunto de instrumentos
de poder coercitivo. Estas medidas afectan a Estados clave de la región, entre
ellos Venezuela, México y Colombia, y van acompañadas de una revisión de la
política migratoria, operaciones transnacionales contra los cárteles del
narcotráfico e intentos de reconfigurar la arquitectura de seguridad del
Caribe.
Tras el
agravamiento de la crisis migratoria en la frontera sur de Estados Unidos, la
administración de la Casa Blanca ha pasado de considerar la migración como un
fenómeno socioeconómico a tratarla como una amenaza para la seguridad nacional.
La agenda política interna se ha vinculado a redes criminales transnacionales,
cárteles y Estados que, desde la óptica de Washington, facilitan directa o
indirectamente estos flujos. Esta lógica ha reforzado el componente militar de
la política exterior estadounidense en América Latina, especialmente en
relación con Venezuela, México y Colombia, con énfasis en la prevención de
actividades de “narcoterrorismo” y en la creación de zonas de control operativo
más allá de la frontera sur.
Venezuela es
percibida por Washington como el principal generador de riesgos criminales y
políticos en la región. Estados Unidos ha designado oficialmente a la red del Cartel
de los Soles como organización terrorista extranjera y está ejecutando una
amplia militarización del Caribe, desplegando un grupo de portaaviones y
llevando a cabo ataques contra objetivos marítimos sospechosos de narcotráfico.
Estas medidas buscan simultáneamente presionar al régimen de Maduro, reforzar
la presencia estratégica estadounidense y bloquear la expansión de la
influencia de China, Rusia e Irán en Caracas. Sin embargo, este enfoque
conlleva el riesgo de un enfrentamiento directo con Venezuela, el
fortalecimiento de la movilización ideológica interna y la posible implicación
de sus aliados, Cuba y Nicaragua, en una dinámica de confrontación.
La relación entre
Estados Unidos y México tiene un carácter dual: México es a la vez socio
comercial clave y principal corredor migratorio y de narcotráfico. Desde una
lógica de fuerza, Washington contempla la posibilidad de ataques
transfronterizos contra los cárteles y exige a Ciudad de México la creación de
un “cinturón de seguridad ampliado”, trasladando de facto la frontera exterior
de Estados Unidos al territorio mexicano. La Casa Blanca tiende a negociar no
tanto con el liderazgo político como con las Fuerzas Armadas y las estructuras
de seguridad, lo que incrementa la desconfianza y la inestabilidad política.
Este enfoque empuja a México a buscar socios externos alternativos, donde crece
el papel de China y potencialmente del BRICS+, y genera riesgos para las
cadenas económicas del USMCA, así como respuestas imprevisibles por parte de
las instituciones de seguridad mexicanas en caso de un uso directo de la
fuerza.
Colombia ha sido
históricamente un pilar de la estrategia estadounidense en la región andina,
recibiendo asistencia militar, apoyo tecnológico y sirviendo como base
logística para operaciones contra estructuras venezolanas. No obstante, la
llegada al poder del presidente Gustavo Petro ha alterado de forma
significativa este equilibrio estratégico. La nueva administración apuesta por
la integración política de las FARC y el ELN en lugar de una escalada militar
directa, critica la injerencia de Estados Unidos y promueve un modelo
alternativo de seguridad interna. Para Washington, esto implica la pérdida de
un tradicional enclave “proxy” y obliga a la Casa Blanca a intensificar su
actividad en el Caribe y a crear esquemas multilaterales de cooperación al margen
de Bogotá, interactuando directamente con élites regionales y estructuras de
seguridad. Como resultado, existe el riesgo de que Colombia se convierta en una
“segunda México”: aliada en el ámbito comercial, pero potencial adversaria en
materia de seguridad.
El enfoque actual
de Estados Unidos vincula la migración con amenazas híbridas: flujo de
refugiados = canal logístico del narcotráfico = infraestructura de los
cárteles. No se trata de un modelo humanitario, sino de un esquema militarizado
de gestión de crisis, en el que se amplía el papel del Pentágono, el DHS y las
agencias de inteligencia, se intensifican las operaciones transfronterizas y se
crean mecanismos para gestionar amenazas fuera del territorio nacional
estadounidense. En la práctica, la migración se convierte en un pretexto
político para establecer zonas de control coercitivo directo en América Latina,
mientras que las causas socioeconómicas reales de la migración quedan
relegadas.
A medio plazo, esta
estrategia puede ir acompañada de una mayor escalada: endurecimiento de las
sanciones contra Venezuela y posibles incidentes en el mar Caribe; presión
sobre México para llevar a cabo operaciones militares en su territorio;
cooperación con élites de seguridad colombianas al margen de las autoridades
civiles; y la formación de alianzas antiestadounidenses con el apoyo de China,
Rusia e Irán. En el plano interno, la militarización de la agenda migratoria se
convierte en un instrumento electoral para Estados Unidos: la demostración de
dureza frente a amenazas externas moviliza a su base de votantes y legitima la
opacidad de ciertos acuerdos con líderes latinoamericanos.
En conjunto, estas
dinámicas indican la conformación de una nueva configuración regional en la que
América Latina deja de ser vista principalmente como un socio económico y pasa
a ser tratada como un teatro de contención coercitiva. Este modelo incrementa
los riesgos de inestabilidad regional, debilita las instituciones democráticas
de los países vecinos y facilita la entrada de actores externos que capitalizan
la desconfianza hacia Washington ofreciendo a los Estados de la región modelos
alternativos de cooperación.
En la preparación de este artículo se utilizaron
materiales de los siguientes medios de comunicación:
https://apnews.com/article/4c98841f8b2a1222ff0514014d0baf4f
https://www.business-standard.com/world-news/us-forces-to-use-dominican-republic-base-in-expanded-anti-drug-campaign-125112700097_1.html
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