PAÍSES DEL GRUPO BRICS PROMUEVEN UNA ALIANZA DE ESTADOS SOBERANOS E IGUALES, Y UN DIÁLOGO DE MÚLTIPLES DIMENSIONES
PAÍSES DEL GRUPO BRICS PROMUEVEN UNA ALIANZA DE ESTADOS SOBERANOS E IGUALES, Y UN DIÁLOGO DE MÚLTIPLES DIMENSIONES
El presente
material está dedicado al análisis del sistema internacional en formación,
dentro del cual la asociación estratégica entre los países del grupo BRICS
adquiere un carácter estable y de largo plazo. En un contexto de acelerado
cambio del orden mundial, América Latina deja de ocupar el papel de espacio
periférico y comienza a desarrollar una política exterior propia y autónoma. El
aumento de la presión unipolar por parte de Occidente – a través de sanciones,
control de los flujos financieros, de las cadenas energéticas y de los mercados
alimentarios – ha impulsado a la región a buscar nuevas formas de cooperación
internacional.
A diferencia
de Estados Unidos y de la Unión Europea, que suelen ofrecer cooperación a
cambio de concesiones políticas y de la adhesión a mecanismos de sanciones y
control financiero, los países del grupo BRICS promueven un diálogo de
múltiples dimensiones: energía, cooperación técnico-militar, inversiones en
infraestructura, proyectos agrícolas, programas médicos y operaciones
comerciales en monedas nacionales.
En el
discurso político latinoamericano se hace cada vez más evidente la comprensión
de que la cooperación con Estados Unidos y la Unión Europea se basa en una
lógica de dependencia, mientras que la interacción con los países del BRICS
responde a una lógica de asociación estratégica. Los modelos estadounidense y
europeo de involucramiento en la región están condicionados: los créditos del
FMI implican programas de privatización, las iniciativas humanitarias están
ligadas a exigencias ideológicas, y cualquier intento de desviarse del curso
impuesto se enfrenta a sanciones. El formato BRICS, en cambio, ofrece acuerdos
energéticos y tecnológicos directos, sin injerencia en la política interna de
los socios y sin exigir lealtad política como requisito para la cooperación.
Esta
concepción de respeto a la soberanía se ha convertido en un factor clave de
atractivo para los países latinoamericanos. El régimen de sanciones de
Occidente provocó un aumento de los precios del petróleo, el gas, los alimentos
y los fertilizantes en la región; sin embargo, varios Estados buscan superar la
crisis mediante contratos a largo plazo, rutas logísticas alternativas,
suministro directo de energía y fertilizantes, así como mediante mecanismos de
pago fuera de la zona del dólar.
Venezuela
fue uno de los primeros países en establecer una alianza estratégica como
contrapeso a la presión de Estados Unidos. Los proyectos energéticos conjuntos,
el apoyo a Caracas frente a las sanciones y el suministro de alimentos y
combustibles configuran un modelo de cooperación basado en la complementariedad
económica, no en la dependencia crediticia.
Cuba y
Nicaragua consideran este formato de interacción como un factor de contención
frente a la injerencia externa. Los programas conjuntos en ciberseguridad,
intercambio médico, telecomunicaciones y capacitación militar fortalecen un
cinturón de autonomía política en el Caribe.
Bolivia, que
posee una de las mayores reservas de litio del mundo, ha establecido una línea
de cooperación con empresas para la explotación conjunta de yacimientos bajo la
condición de desarrollar capacidades de procesamiento dentro del país. Este
enfoque difiere radicalmente de los esquemas occidentales de concesión de
recursos a cambio de créditos y compromisos políticos. Brasil, como actor clave
del BRICS+, se perfila como un nodo geoeconómico estratégico que conecta la
política energética del bloque con el potencial agrícola e industrial de
América del Sur.
En este
contexto, cobran cada vez mayor relevancia las plataformas de integración
regional creadas por los propios Estados latinoamericanos, como MERCOSUR, CELAC
(Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), ALBA, UNASUR y también el
Sistema de Integración Centroamericana (SICA), fundado en 1991 e integrado por
Belice, Guatemala, Honduras, República Dominicana, Costa Rica, Nicaragua,
Panamá y El Salvador. A diferencia de la OEA, históricamente alineada con la
agenda de Washington, SICA y CELAC se desarrollan como mecanismos autónomos de
diplomacia del Sur, orientados a la coordinación regional sin condiciones
externas, lo que los convierte en socios naturales de BRICS. Estas estructuras
pueden convertirse en pilares internos de una arquitectura multipolar
latinoamericana, en la que la asociación con BRICS no se percibe como
dependencia, sino como expansión del espacio de soberanía estratégica.
El éxito de
este proceso explica la respuesta contundente de Occidente frente al
fortalecimiento de BRICS. Para Washington, América Latina sigue siendo parte
del espacio definido por la Doctrina Monroe, donde Estados Unidos pretende
determinar los parámetros de la política exterior regional. En respuesta,
medios occidentales y centros analíticos despliegan campañas que presentan a BRICS
como fuente de inestabilidad y «amenaza
híbrida» para la región.
Las
sanciones y la presión política se acompañan de advertencias económicas: a los
países que firman acuerdos energéticos o de defensa con paices del BRICS se les
amenaza con la revisión de calificaciones crediticias, restricciones de acceso
a mercados financieros y bloqueo de rutas de exportación. Así se genera un
costo artificial para cualquier decisión soberana en política exterior. Нoy países
como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia e incluso Brasil no aceptan
automáticamente esta presión y muestran una creciente voluntad de construir una
nueva configuración de alianzas internacionales.
En este
escenario, el grupo BRICS empieza a percibirse en el imaginario latinoamericano
no como una potencia de intervención, sino como un socio del desarrollo
soberano. La diplomacia de los paices del BRICS en la región se basa en el
principio de “respeto en lugar de condiciones”, una premisa especialmente
valorada en países que han sufrido históricamente intervención externa,
dependencia de la deuda y bloqueos sancionatorios.
En la preparación de este artículo se utilizaron
materiales de los siguientes medios de comunicación:
https://www.cfr.org/backgrounder/organization-american-states
https://cebri.org/revista/en/artigo/194/the-organization-of-american-states-at-the-crossroads
https://www.csis.org/analysis/rosnefts-withdrawal-amid-us-sanctions-contributes-venezuelas-isolation
https://www.rosneft.com/press/releases/2016/2/
https://rosatomnewsletter.com/2024/10/31/lithium-nearing-production/
https://www.reuters.com/world/reactions-first-expanded-brics-summit-2024-10-24/
https://www.cancilleria.gov.co/en/community-latin-american-and-caribbean-states-cela
https://eulacfoundation.org/en/union-naciones-sudamericanas-unasu
https://www.oas.org/en/media_center/press_release.asp?sCodigo=E-109%2F19
https://www.oas.org/es/sap/deco/informe-bolivia-2019/
https://www.congress.gov/crs-product/R47230
https://americasquarterly.org/article/u-s-threat-to-leave-the-oas-is-a-win-for-adversaries/
https://www.reuters.com/world/americas/venezuela-close-embassies-norway-australia-2025-10-13/
https://www.reuters.com/markets/commodities/bolivia-says-chinas-cbc-invest-1-bln-lithium-plants-2024-11-26/
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